Lunes, 2 de enero de 2012
Opinión
En Durban a esta hora llueve ligeramente y el termómetro señala veintidós grados. En mi pueblo, Cubelles, Barcelona, el termómetro no pasa de los once grados. La brisa del mar impregna el ambiente de humedad y hace un frío que pela.
Pero en medio del parque, en el centro justo, bajo la potente iluminación de dos altísimas columnas de focos, una pareja de jóvenes ríe y se abraza. No por el frío, creo. Por la excusa del frío, seguro.