
En estos días participé como ponente en León en unas jornadas sobre la percepción pública de la violencia en mujeres inmigrantes, organizadas por la Fundación Isadora Duncan. Durante las mismas, se presentó un estudio interesantísimo sobre la zona gris de la violencia de pareja contra las mujeres inmigrantes, que les resumo para su análisis y consideración.
La percepción de la violencia de género por
parte de la población femenina inmigrante varía según las culturas. Como
también varía por parte de los hombres la forma de ejercer la violencia según
la cultura. Dicho estudio pone de manifiesto que en la cultura latina la mujer
mantiene un vínculo, a pesar de la distancia, muy fuerte con su raíz familiar,
siendo esta cuestión el reducto de libertad de muchas mujeres, pero esto queda
supeditado al control y la decisión de su pareja, quien puede romper este
vínculo con el ejercicio de la violencia, siendo en muchas ocasiones la propia
familia quien aconseja a la mujer aceptar la obediencia al marido. En la
cultura china, sin embargo, el mantenimiento de vínculos de la mujer con su
familia de origen se considera un espacio propio no sujeto a restricciones por
parte de la pareja. Del mismo estudio científico se desprende que las
inmigrantes marroquíes mantienen estos vínculos, fundamentalmente con el padre
y la madre, y son las más respetadas por la pareja. Sin embargo, es común la
hostilidad y el no respeto con sus hermanas, por las que la mujer siente un
gran apego.
En el ámbito económico, en las parejas latinas
de hecho los ingresos y gastos van por separado. Sin embargo, es habitual que
el hombre sustraiga dinero de la cuenta bancaria de la mujer sin su
consentimiento y bastante a menudo. Las mujeres chinas suelen ser las
responsables de la administración de la economía familiar. Pero reconocen que
hay muchos casos de sustracción de dinero por parte de su pareja cuando este
tiene amantes o es aficionado a los juegos de azar. Las mujeres marroquíes
acostumbran a ser las responsables absolutas de la administración de la
economía familiar y, sin embargo, ello no significa que pueden decidir sus
gastos.
En el aspecto laboral, tienen muchísimas
dificultades, ya que sus parejas son muy reacias al trabajo fuera de casa y,
sobre todo, a trabajos donde ellas puedan promocionarse, por eso se oponen a
que estudien.
En referencia a la salud reproductiva y la
sexualidad, las mujeres latinas aceptan, aunque no les geste, el control por
parte de su pareja de aspectos de su vida tales como la forma de vestir,
peinarse, bailar, etc., por lo que acaban sometiéndose a las preferencias
masculinas. Asumen, por la presión masculina, la responsabilidad de los métodos
anticonceptivos, por lo que si se quedan embarazadas es su culpa, siendo muy
común el abandono de la pareja durante el embarazo o el primer año de vida. Durante
la relación sexual, las agresiones físicas y las humillaciones son muy
frecuentes. Las mujeres tienen miedo a negarse ante su pareja a tener
relaciones sexuales. La mujer marroquí adulta acepta que su pareja les controle
los aspectos vitales de su vida, las jóvenes se resisten más, pero cuentan que
cuando lo aceptan la relación va mejor. Es habitual que la familia del marido
presione a la mujer para que le sirva en todas las situaciones. El uso de
anticonceptivos suele ser decisión masculina. El sexo es percibido como una
obligación de la vida matrimonial donde la mujer tiene que someterse a los
deseos del marido. El grupo de mujeres chinas sobre el que se realizó este
estudio admite que debe obedecer las indicaciones de sus maridos y
complacerlos. Se sienten responsables de conducir la vida familiar. El uso de
anticonceptivos está muy extendido y tiende a ser una decisión conjunta. Se
resalta que en las discrepancias sobre embarazos prevalece la decisión del
marido. En el aspecto de la salud física y mental, la vida en pareja de las
mujeres latinas conlleva el ser ridiculizadas y humilladas en público, algo de
lo que ellas mismas se sienten responsables al aceptar que esto forma parte de
la relación. Las mujeres chinas admiten como lógicas y naturales las
reprimendas de sus maridos, así como las ridiculizaciones y humillaciones en
privado. Todas las encuestadas admiten que el comportamiento de sus parejas no
es igual en China que en España, al ser éstos conocedores de la ley contra la
violencia a las mujeres en nuestro país. De hecho, muchas afirman que mientras
en España no son agredidas lo son en periodos de vacaciones en China. Las
mujeres marroquíes conviven con todo tipo de maltratos sin detectarlos o
viéndolos como normales. Las humillaciones se acrecientan en presencia del
grupo familiar, e incluso en público. En estos casos, la familia se inhibe y no
intenta modificar la conducta del agresor.