Lunes, 19 de diciembre de 2011
Palabras en libertad

El futuro es un abismo

Guardar en Mis Noticias. Enviar por email
Rafa García Rico

Estamos al borde del precipicio, aunque menos. Las últimas semanas ha decaído la estrategia de la tensión y nuestra deuda soberana, de la que tan poco sabíamos hace unos pocos años, se ha instalado en un índice de referencia, al parecer, aceptable. No es que ese sea el indicador esencial de nuestra existencia, pero ayuda a comprender cómo actúa la crisis contra los países.

Aún así, vivimos en la incertidumbre. Nos acogota la sensación de riesgo y nos angustia la posibilidad de perder el equilibrio en cualquier momento y precipitarnos al vacío. El capitalismo ha llegado a una nueva fase de su desarrollo en la que nuestras emociones y nuestra psicología tiemblan a cada instante.

José Luis Sampedro dice que esta nueva etapa en la biografía del capitalismo tiene que ver más con el desmantelamiento de la Unión Soviética y el fin del bloque del Este que con la superación, por razones técnicas, del pacto social que se estableció al fin de la Segunda Guerra Mundial para frenar los impulsos revolucionarios y evitar una nueva conflagración bélica.

Cuando cayó el Muro se vino abajo la pesa que equilibra la balanza. Y ahora vemos, con un aparente retraso estratégico, los efectos de la nueva realidad. El capital, en esta nueva trayectoria expansiva va a engullir los servicios básicos que aún residían en el Estado, y la privatización definitiva de todo lo público nos conducirá a una sociedad más desvertebrada, con menos cohesión y sin un abanico de oportunidades igual para todos.

Decía que nos asomamos al abismo, y es cierto. La sociedad europea acostumbrada al llamado bienestar tendrá que repensar la beneficencia, ese concepto de paternalismo protector en la última estación del desamparo, pero ya no habrá equidad al dejar de disponer de un regulador social en sanidad, educación y otras garantías de justicia social. Estamos en las postrimerías del mundo que mi generación conoció ya perfectamente instalado, amueblado pero con hipoteca, y en uso para su disfrute. Pronto veremos cómo el futuro adquiere forma asiática, con jornadas laborales infinitas y una pelea por la propiedad del empleo imposible: iremos y vendremos sin saber muy bien cuánto tiempo podremos estar y, mucho menos, en qué condiciones.

Sin contrapesos al otro lado del Muro, la voracidad natural que el capitalismo representa se multiplicará por efecto de lo que con ingenuidad llamábamos la era de la globalización, cuando en realidad es la era de unicidad. Sólo un pensamiento, sólo una verdad y solo una manera de organizarla. El viaje hacia el futuro nos ha conducido, en realidad, a la antesala del pasado, a aquel tiempo en que para hacer funcionar las maquinas había que excavar el suelo con las manos de los niños, para extraer de él la energía vital de la industrialización.

Vamos hacia una época sin protección. En plena transición a la sociedad del conocimiento, nos vamos a quedar sin saber lo que es sentirse seguro, ni siquiera de poder disponer de certezas en asuntos que hacen que los seres humanos veamos la vida con el mismo enfoque.

El pesimismo intelectual puede encontrar una justificación en las poco halagüeñas perspectivas de nuestro planeta. Qué le vamos a hacer. 
Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
CAMBIO16.es • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2014 • Todos los derechos reservados
POWERED BY FOLIOePRESS