Mientras ustedes se encuentren leyendo este artículo yo estaré volando hacia El Cairo con una delegación de la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género, que presido. Hoy más que nunca queremos abrazar con la palabra, la música y la poesía la revolución que las mujeres egipcias están llevando a cabo en su país y en sus vidas.
Queremos compartir la esperanza de un Egipto escrito en femenino y sobre todo de una Constitución escrita en femenino. Las mujeres hemos aprendido a lo largo de los años que el trabajo conjunto y en red es fundamental para nuestro empoderamiento y para la inclusión de la perspectiva de género en nuestras sociedades y en la política. La acción colectiva es necesaria partiendo de la puesta en común y el aprendizaje de las diferentes experiencias internacionales. Y esas experiencias nos hablan de que tras la mayoría de las revoluciones, donde las mujeres salen del ámbito de lo privado para ocupar espacios públicos y ser actoras directas de las mismas y de sus cambios, las mujeres son más tarde privadas del derecho al reparto de ese espacio público, del poder, son apartadas sistemáticamente de las mesas de negociación, de las grandes decisiones políticas o excluidas como lo han sido en Egipto, tras su papel en la revolución, por el gobierno de transición, y por la comisión nacional para preparar los cambios en la nueva Constitución de la que solo han formado parte los hombres. Durante este tiempo diferentes organizaciones defensoras de los derechos de la mujer han puesto el foco en esta situación para presionar en un momento fundamental en el que las mujeres egipcias se juegan su futuro. Campañas como las de la ONG “Igualdad ya” para instar a las autoridades egipcias a garantizar que el 30% de las listas electorales estuviera formado por mujeres o asegurarse que al menos el 40% de los puestos ministeriales esté reservado a las mujeres, que se revisen la leyes discriminatorias y el acceso a las mismas oportunidades laborales en igualdad de condiciones que los hombres, no han sido tenidas en cuenta para nada. Por eso es fundamental que las organizaciones estemos presentes y codo con codo con la organizaciones de mujeres egipcias con las que nos reuniremos durante toda una semana. También nos encontraremos con los diferentes partidos políticos y sus líderes a quienes trasladaremos las demandas de inclusión en sus agendas políticas de la perspectiva de género, del principio de igualdad como garantía de una democracia real y no formal y de medidas y leyes contra la violencia de género, haciendo especial hincapié en la denuncia del acoso sexual que sufren las mujeres egipcias de una manera masiva y sistemática. Y como plataforma de artistas la música y la poesía tendrán un espacio fundamental en nuestra agenda. Conjuntamente con actrices y cantantes españolas y egipcias celebraremos un concierto por la paz y la igualdad en El Cairo. El arte ha sido un instrumento fundamental para provocar cambios en la historia del mundo y un elemento para la resistencia de los pueblos. Recuerdo en estos momentos las palabras de un artista palestino con el que compartimos trabajo y emociones en Ramallah cuando me decía “cuando consigo que un niño dibuje sobre el papel o en el muro un violín o un piano en vez de un arma estoy transformando el mundo”. El arte tiene esa fuerza y especialmente la música. Por eso durante estos días en El Cairo y con las mujeres egipcias queremos llenar de música, poesía, compromiso y feminismo sus calles. Porque juntas y revueltas podemos.