El Congreso de Sevilla se cerró con un portazo de Carme Chacón, perdedora ante Rubalcaba por solo 22 votos, que se negó en redondo a participar en los órganos de dirección. Del cónclave salieron más deseos que realidades para cuando se recupere el poder, como el de poner en su sitio a la Iglesia católica reformando sus acuerdos con el Estado o utilizar el ICO para que los emprendedores tengan acceso al crédito. Antes del verano tendrá lugar una conferencia para abordar los cambios, a la búsqueda de recuperar
las identidades perdidas
A pesar de cumplidos y carantoñas, el 38 Congreso del PSOE se saldó en Sevilla sin integración de los perdedores y con la victoria por solo 22 votos de diferencia de Alfredo Pérez Rubalcaba, que en esta travesía ha decidido adoptar la estrategia del caracol y echarse el partido a cuestas, a sabiendas de que desde la oposición habrá que recorrer un camino difícil en el que no faltarán los obstáculos. Su rival para optar a la secretaría general, Carme Chacón, abandonó el cónclave tras una dura pelea y en medio de rumores sobre la validez de un recuento que se demoró hora y media. El exvicepresidente del Gobierno y nuevo secretario general logró 487 votos, el 51,16 por ciento, frente a 465 de su contrincante. Elena Valenciano, vicesecretaria general, se convierte en la número dos del PSOE, la mujer más influyente en la historia del partido. El lehendakari Patxi López sube a la primera línea y el líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, se sitúa entre los damnificados, prueba de que los enfrentamientos de un pasado reciente no quedan en el olvido. Las elecciones autonómicas en Andalucía y Asturias del próximo 25 de marzo son los dos retos más inmediatos.
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Rubalcaba, en su discurso, todavía de aspirante, apoyado por la vieja guardia, desde Felipe González y Alfonso Guerra hasta José Bono y Rodríguez Ibarra, combinó los guiños a la izquierda con avisos contundentes a la derecha que busca retroceder en algunos de los avances sociales más destacados de las últimas décadas. Una vez elegido se presentó como el secretario general de “todos” los socialistas, sin salvoconductos. Carme Chacón pasó a la nevera.
Rearme ideológico
Como de lo que se trataba era de sentar las bases para un proyecto político nuevo, el vencedor ofreció un liderazgo fuerte, pero más colectivo que carismático, para recuperar la confianza perdida a cuenta de tanto bandazo, y un proyecto de cambio de rumbo para seguir siendo el PSOE, sin renuncias. Un partido que diga lo mismo en todas partes, que defienda que los privilegios no se heredan y que se haga cargo de los problemas en lugar de pretender que la gente se haga cargo de un maltrecho PSOE. Habló de borrón sin cuentas nuevas y de reconocimiento del trabajo realizado, de la necesidad de armar una oposición útil, algo que no se resuelve con radicalismos verbales, sino que fue, subrayó, la que llevó a Zapatero a La Moncloa cuatro años después de ser elegido secretario general.
Militantes y simpatizantes tendrán su espacio. En el plano orgánico defendió que el candidato a la Presidencia del Gobierno sea elegido en primarias abiertas a los simpatizantes y se mostró dispuesto a la posibilidad de elección directa del secretario general. Se comprometió también a volver a reformar la ley electoral para suprimir el “voto rogado” de los emigrantes. Pero no hubo ni una referencia directa a las listas abiertas.
El exvicepresidente del Gobierno se detuvo en explicar que su liderazgo será fuerte, que no se va a quebrar ni le van a obligar a dar pasos atrás, pero colectivo, porque ni cree en salvadores ni ve que estemos ante la ocasión de los personalismos que se revisten de carismáticos. En vez del yo, el nosotros.
En la búsqueda de ese equilibrio perdido sentó las bases de lo que debe venir, el rearme ideológico, la reforma organizativa y la recuperación del poder institucional, empezando por los municipios y a partir de una premisa, demostrar que el PSOE es tan capaz de generar crecimiento económico y empleo como de asegurar la cohesión social. A los suyos, el que pretende ser líder moral además de político, les exigirá austeridad, en público y en privado, porque piensa, sin ánimo de que el PSOE se convierta en un vigilante de sus militantes, que “cuando no se vive como se piensa se termina pensando como se vive”, y porque “es más importante saber salir que saber llegar”.