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Viernes, 18 de mayo de 2012
Última actualización: Jueves, 17 de mayo de 2012 12:35

Domingo, 19 de febrero de 2012
Carta del director

Hablé con Urrusolo Sistiaga

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Gorka Landáburu

El día 29 del pasado mes de noviembre, acompañado de mis escoltas, me dirigí, no sin cierta ansiedad, al centro penitenciario de Nanclares de Oca, situado a escasos kilómetros de Vitoria. No iba a estar con ningún familiar ni ningún amigo. El motivo de mi visita a la cárcel alavesa era entrevistarme con un grupo de presos disidentes de ETA.

Este grupo de exetarras, expulsados por la organización, ha participado, este pasado otoño, en una serie de talleres de debate y discusión con profesores, políticos y víctimas, con el aval de la anterior secretaria general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, y el apoyo de la Dirección de Víctimas del Gobierno vasco.
No tuve ni la menor duda en acudir a esta cita y tengo que confesar que mi condición de periodista pudo más que la de víctima del terrorismo. El encuentro se realizó a través del Ejecutivo vasco, que me indicó que eran esos mismo presos quienes habían solicitando mi presencia para conocer la actitud de los medios de comunicación frente al final del terrorismo.
[Img #2873]
En una sala de la prisión, me encontré frente a frente con siete presos, entre los cuales se encontraban Joseba Urrosolo Sistiaga, Kepa Picabea y Carmen Guisasola. Tras la presentación de rigor y el saludo correspondiente, se colocaron una sillas en semicírculo y yo me situé de frente viendo cara a cara a mis interlocutores.
Para romper el hielo y cierta tensión que se palpaba en el ambiente, hablé de mi historia, del exilio de mi familia durante el franquismo y del dolor irreparable causado por ETA durante tantos años. Algunos tomaban nota y todos escucharon mi relato con atención. Les conté con todo detalle mi atentado y las graves lesiones sufridas al abrir el libro-bomba que me mandó ETA. Y de cómo me dolió, quizás más, la reivindicación de la banda armada, que justificó el intento de asesinarme porque era, para ellos, un “txakurra de la pluma” (perro de la pluma).
En el turno de preguntas, la voz cantante la llevó Urrosolo. Este exetarra, condenado a decenas de años de cárcel, reconoció que se habían equivocado, que la violencia no tiene ningún sentido y que asumían la autocrítica y el daño causado. Me preguntaron que cómo se veía en el exterior el final del terrorismo y cómo creía que tenía que ser el papel de los medios de comunicación ante este final.
Respondí que la sociedad tiene otros problemas que la de los presos de una organización terrorista. Que ETA había provocado demasiado dolor y sufrimiento, que ha sido derrotada, pero también que ellos habían dado un paso importante al reconocer el daño causado. No son partidarios del borrón y cuenta nueva; por eso Urrosolo me afirmó que la eventual salida de todos los presos será de forma individualizada.
Al final de la entrevista y antes de despedirnos, se me acercaron dos de los siete presos para decirme: “Formamos parte del comando que te mandó la bomba en el 2001, no participamos en esta atentado, pero te pedimos perdón”.
Ha sido una experiencia dura pero positiva. Urrosolo y sus compañeros han dado un paso importante, y aunque se encuentren aislados y con pocos apoyos en el mundo de la izquierda abertzale, es una vía que no se puede abandonar.
Ojalá todos los presos de ETA sigan este mismo trayecto.  
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1 Comentario
Juan
Fecha: Jueves, 1 de marzo de 2012 a las 01:00
La edad y las malas compañías de elementos fanáticos y influyen a los jóvenes a luchar por unos ideales cuyo origen es maligno, racista y excluyente para lo cual todo les parece permitido incluyendo el crimen y asesinato. Muy lejos están estos jóvenes de sentir principios buenos algunos ya sean cristianos o simplemente humanistas. Una vez que yo iba a ver a un amigo vasco, al entrar en su casa fui interpelado por una chica vasca muy joven (imagine sería vasca por sus palabras) “¡qué! ¿No nos vais a dejar ¡he!?” Me pilló de sorpresa. Y la respondí: “por mí puedes hacer lo que te de la gana”. No la volví a ver más. Pero una vez repuesto de mi sorpresa me hubiese gustado hablar con ella y haberla dicho que todos hemos sido jóvenes e impulsivos y no hemos tenido en cuenta los sentimientos ajenos. Señor Landáburu, cuanto me alegro que afortunadamente el accidente no fuera fatal. Un saludo de un lector de Cambio16.
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