Escribíamos sobre Carmen Linares (Cambio16, número 2.047 del 28 de febrero de 2011) que la nómina de cantaoras no está muy nutrida en el podio. Esa Carmen, junto a Esperanza Fernández, mantiene alto el listón. Pero no son las únicas. Irrumpe una granadina, desde hace años, con apellido que genera respeto, compromiso y sitúa más alto el listón: Estrella Morente.
La artista es precoz. Su carrera, meteórica. Nadie debe pensar que ser hija del inolvidable Enrique Morente y la bailaora Aurora Carbonell es sello que avala talento heredado. Otros grandes hacen aguas en la segunda generación. Hay ejemplos que sufrimos por la insistencia de que ser vástago del genio no garantiza nada.
Algunos quisieron ver en la boda de Estrella con un torero de pro, Javier Conde, otro capítulo de una España cañí con tópicos y lugares comunes. Se equivocaron con Estrella. Ella no vende exclusivas, ni muestra intimidades ni necesita maquillarse para mostrar su belleza con timidez. En el escenario, además, se crece.
Días atrás recaló Estrella Morente en el Maestranza sevillano tras gira por Turquía y toda Europa. Estuvo en Nueva York o Miami, donde el buen cante se aplaude en nuestro idioma. Encandiló a Peter Gabriel, es modelo de marcas, baila, actúa y prepara un nuevo trabajo junto al ubicuo Pat Metheny o Michael Nyman.
La carrera de la Morente va in crescendo en lo sustantivo. Su currículum no lo circunscribe a ser quien es por el apellido. Su tributo póstumo nos estremeció con la voz mayúscula y rota por el dolor ante un Enrique que yacía esperando encontrarse en el cielo con Camarón, El Morao o Sabicas.
El concierto sevillano de Morente puso punto sobre íes que sólo en directo pueden apreciarse del arte que lleva dentro una Estrella que ilumina con voz y estilo propios. El grupo que la arropa en el escenario es de nota y aflora sólidos vínculos familiares: Antonio Carbonell, Ángel Gabarre y José E. Morente hacen palmas, coros y se permiten unos sueltos vocales a la altura de los mejores. La percusión de Pedro Gabarra ‘Popo’ incluye toda clase de instrumentos con efectismo sin igual. Con las guitarras hay que ponerse firmes y por dos veces: los José Carbonell se duplican. El primero es ‘Montoyita’ y está curtido por su buen hacer. ‘Monti’ lleva igual sangre pero dará que hablar. Sus solos denotan que acompañar a una cantaora no es rellenar. Es marcar el terreno del instrumento.
De Estrella Morente añadir que su voz se pasea por el flamenco más ortodoxo, aunque se echan de menos colombianas y alegrías, porque no habrá sorpresas en su ejecución. Homenajea a Lola Flores y Carmen Amaya, lo que es de agradecer. Su padre, prematuramente fallecido, le vigila para que, del flamenco más puro, incursione en otros terrenos donde la voz de la granadina es cristalina.
El torrente de las cuerdas vocales no necesita micrófono. A capela engatusa al personal con letras, gestos y arranques para después cantar de verdad, como sólo lo hacen las grandes. El exigente público del Maestranza premió a la Morente con fuerza. Ella respondió desparramando arte por los pasillos del patio sólo armada con su voz cristalina. Repetimos: Estrella Morente es como el agua, transparente. De oídas parece que lleva escudo por ser quien es, pero en directo lo merece todo. Lo mínimo: aplaudirla a rabiar.
andaluciaviva@activanet.es