A Sarkozy lo condecoramos con el Toisón de Oro y a Contador le dan una patada en los cojones. No se puede pedir más ni menos de una pandilla de gabachos resentidos que no dan una a derechas, lacerante Nadal, raqueta en mano, ejemplo de deportividad. Y qué no decir de ese gran ciclista español —objeto de estas líneas— que les ha venido amargando el Tour a los franceses. Al grito de a por él, el TAS, Tribunal Arbitrario (muy arbitrario) del Deporte, ha dictado sentencia para que la próxima edición la gane cualquiera, preferentemente un corredor galo.
Yo, en tu lugar, Alberto, no acudiría y que les den por donde amargan los pepinos y se pudren los melones, en fino.
Pero el campeón es un ser superlativo, decidido a seguir corriendo, trabajando, luchando, demostrando su superioridad sincronizada con la humildad. No sólo le meten la sanción de perder las grandes pruebas (Tour de 2010 y Giro 2011, más las vueltas a Cataluña y a Murcia), sino que, encima, una multa de cinco millones de euros, que son la hostia para los cinco millones de parados españoles y no parados y no digamos para los caninos de solemnidad. El dinero es lo de menos; es la honra, y dejémonos de la mujer del césar y el latiguillo de hay que parecerlo… Pero la pregunta es —y no porque hayamos cambiado de Gobierno—: ¿qué hizo el giboso secretario de Estado para el Deporte, apellidado Lissavetzky para impedir tan bárbara sanción, que se venía venir? El ridículo, como lo hizo en las elecciones municipales de Madrid. Perico Delgado, por otra parte, obtuvo el triunfo en la ronda francesa por los buenos oficios diplomáticos españoles en 1988, y creo que entonces mandaba el partido socialista de Felipe González.
Pero me quedo con la pedalada, el esfuerzo en carretera de este pinteño a piñón fijo de la Comunidad de Madrid, que, por un solomillo, le mandan a tomar por el culo y a la cuneta. Creo que el clembuterol era el 0,000000,5 por ciento y no sé cuántos más ceros del análisis vampiresco que le hicieron los dráculas de la Unión Ciclista Internacional, que se llenan los bolsillos con sentencias incoherentes y torticeras como es el caso del corredor español. Con esa sustancia “dopante”, no sólo no te ayuda a escalar el Tourmalet ni tampoco una “tachuela”, que en el argot ciclista es una pequeña montaña. ¿Cuántos controles —antes y después del 2010— habrá debido pasar este humilde y gran campeón? Todos, cientos, miles. Y le dejan participar en el Giro, lo gana y luego se lo quitan, sin ninguna advertencia o medida preventiva.
Francia nos odia, o, mejor dicho, nos envidia. Los esperpentos de Canal +, por más que se empeñen, no superarán a Induráin, ni a Contador, ni a Nadal, ni a la selección española de fútbol, tampoco a la de baloncesto, ni al Real Madrid o al FC. Barcelona, ni a Fernando Alonso, con Renault, manda huevos, ni a la natación sincronizada con doble tirabuzón. Etc., etc.
En buena lid, sin rencor, me quedo con Anquetil, Koppa, Zidanne, Benzemá... Componentes de la legión francesa. A Platini no lo quiero ver ni de lejos. Panda de gabachos.
santiagolopezcastillo@yahoo.es