El pasado domingo 13 de mayo, el burundés Onesphore Nkunzimana y el keniano Lawrence Rotich ganaron ex aequo la carrera del viaducto de Millau, en la que se repartieron 13.500 dorsales y que pasa por el ya popular puente, en el Aveyron francés, carrera organizada por VO2 y la Compagnie Eiffage du Viaduc de Millau, concesionaria de la vía. Este viaducto, diseñado en el estudio de Norman Foster, fue inaugurado el 14 de diciembre de 2004, habiéndose iniciado las obras el 10 de octubre de 2001.
La infraestructura ha pasado a ser el viaducto más alto del mundo tras duplicar en altura a la que hasta entonces ostentaba ese récord, el Europabrücke de Austria.
Esta carrera ha celebrado su segunda edición este año y ya es casi un ‘clásico’ en las citas de maratonianos. Atravesar corriendo, junto con varios miles de colegas, un puente de 2.460 metros de longitud y 346 de altura en su punto más alto debe ser sin duda una emocionante experiencia.
Este uso deportivo, ajeno al fin principal del viaducto, el paso de vehículos, es uno más de los recursos que los concesionarios del viaducto, la ciudad de Millau y el departamento de Aveyron han diseñado e implementado para convertir al puente en un generador de recursos económicos para la zona, convirtiéndolo en atracción turística, sin duda por la enormidad de la obra y sus magnitudes.
En la construcción del viaducto se emplearon 127.000 m³ de hormigón, 19.000 toneladas métricas de acero para las armaduras del hormigón y 5.000 toneladas de hormigón pretensado. El ancho del tablero de acero, vía, es de 32 metros y el peso total del puente 350.000 toneladas. Trabajaron 3.000 personas. La vida útil será superior a 120 años.
Icono nacional
La empresa Eiffage corrió con la financiación de la obra, 400 millones de euros a cambio de quedarse con la explotación del peaje hasta 2080.
A partir de semejante despliegue y alarde constructivo, sus promotores tuvieron la genial idea de convertir la obra en icono nacional y por tanto en objeto de peregrinaje.
Para ello se construyeron y habilitaron caminos y espacios desde los que poder observar el viaducto en altura, un a modo de centro de interpretación del viaducto y otras facilidades.
Los resultados son evidentes. Por una parte, y en lo que al tránsito de vehículos por la ciudad de Millau, hasta la construcción del puente y en verano, se podía tardar entre dos y tres horas en atravesar la población. Ahora, minutos. Antes era la agricultura el primer motor de la economía local y el turismo el segundo. Ahora es el turismo el primero y esto adquiere más relevancia porque Aveyron es una zona eminentemente agrícola.
De esta forma han alargado el efecto beneficioso que sobre la economía local tuvo la construcción de esta infraestructura convirtiéndola en atracción turística. La obra, una vez concluida, cesa en su calidad de generador económico de importancia. Convertir esa obra en un recurso económico permanente es el acierto y un modelo para otros.