Es digna de todo encomio la tarea investigadora de los científicos. Que si el carbono, el H2O, el bio-diesel…, y qué sé yo, que no sé nada de esto porque soy de letras.
—¿Y por qué se mete a escribir de lo que no sabe?
—Por eso.
Pero me admira, sinceramente, el entusiasmo de estos hombres de la ciencia que, sin pinzas en la nariz, se ponen a olfatear los pedos de los dinosaurios, flatulencias —en fino— que datan de hace 150 millones de años. Y todo para averiguar el origen del “cambio climático”, que ya lo descubrió, recientemente, Al Gore, gora, gore, caradura, a tanto el mitin y sin respirar olores fétidos. Pero vayamos a los efluvios que en estos días son noticia: pedorrez a discreción. Nadie, sin embargo —me refiero a las encuestas de investigación—, ha hecho una prospección de los cuescos, por ejemplo, que se tiran los usuarios del metro, ni tampoco de la sobaquina anestésica subida a la barra o sujeción en movimiento, traqueteo suburbano.
—No dé usted pistas o tendremos a los funcionarios municipales olfateando los ventoseos de la ciudadanía.
—Entre dos piedras feroces sale un hombre dando voces… ¿Lo adivina usted?
—Justo. Premio.
Que, con lo que está cayendo —expresión tópica y típica en tiempos de crisis—, el I+D se dedique a olisquear el ano de los dinosaurios con efecto retroactivo, clama al cielo, cielo tóxico, vamos, no el de los bancos ni banqueros, aunque también. Estos genios olfativos de la universidad John Moores aseguran que las ventosidades de los dinosaurios podrían haber puesto suficiente gas metano en la atmósfera como para calentar el planeta durante la era Mesozoica, cálida y lluviosa. Desconozco si en esa sesuda investigación está un sobrino mío biólogo que pace por Norteamérica, senda o fuga de cerebros, no me hablo con mi hermana (y somos dos), ni falta que hace.
Bueno, pues estos genios investigadores concluyen que los saurópodos enviaban a la atmósfera alrededor de 520 millones de toneladas de metano al año; vamos, para cagarse: una cantidad comparable a todas las emisiones de este gas, que no sirve para cocinar, si no ya lo habría comercializado Gas Natural, ni para dar calor por suelo radiante, pero sí para ejecutar reos en el “corredor de la muerte”. Por último, estos genios científicos emiten en el dictamen: que los rumiantes (vacas, cabras, jirafas y otros animales) emiten entre 50 y 100 millones de toneladas de metano anuales.
O lo que se deduce: el valor del pedo.
Admítaseme: gran pedorrez.
santiagolopezcastillo@yahoo.es