Semanario Decano de política, economía, cultura y sociedad
Miércoles, 19 de junio de 2013

Domingo, 17 de junio de 2012
La ventana discreta

Flatulencias

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Santiago López Castillo

Es digna de todo encomio la tarea investigadora de los científicos. Que si el carbono, el H2O, el bio-diesel…, y qué sé yo, que no sé nada de esto porque soy de letras. —¿Y por qué se mete a escribir de lo que no sabe? —Por eso.

Pero me admira, sinceramente, el entusiasmo de estos hombres de la ciencia que, sin pinzas en la nariz, se ponen a olfatear los pedos de los dinosaurios, flatulencias —en fino— que datan de hace 150 millones de años. Y todo para averiguar el origen del “cambio climático”, que ya lo descubrió, recientemente, Al Gore, gora, gore, caradura, a tanto el mitin y sin respirar olores fétidos. Pero vayamos a los efluvios que en estos días son noticia: pedorrez a discreción. Nadie, sin embargo —me refiero a las encuestas de investigación—, ha hecho una prospección de los cuescos, por ejemplo, que se tiran los usuarios del metro, ni tampoco de la sobaquina anestésica subida a la barra o sujeción en movimiento, traqueteo suburbano.
—No dé usted pistas o tendremos a los funcionarios municipales olfateando los ventoseos de la ciudadanía.
—Entre dos piedras feroces sale un hombre dando voces… ¿Lo adivina usted?
—Justo. Premio.
Que, con lo que está cayendo —expresión tópica y típica en tiempos de crisis—, el I+D se dedique a olisquear el ano de los dinosaurios con efecto retroactivo, clama al cielo, cielo tóxico, vamos, no el de los bancos ni banqueros, aunque también. Estos genios olfativos de la universidad John Moores aseguran que las ventosidades de los dinosaurios podrían haber puesto suficiente gas metano en la atmósfera como para calentar el planeta durante la era Mesozoica, cálida y lluviosa. Desconozco si en esa sesuda investigación está un sobrino mío biólogo que pace por Norteamérica, senda o fuga de cerebros, no me hablo con mi hermana (y somos dos), ni falta que hace.
Bueno, pues estos genios investigadores concluyen que los saurópodos enviaban a la atmósfera alrededor de 520 millones de toneladas de metano al año; vamos, para cagarse: una cantidad comparable a todas las emisiones de este gas, que no sirve para cocinar, si no ya lo habría comercializado Gas Natural, ni para dar calor por suelo radiante, pero sí para ejecutar reos en el “corredor de la muerte”. Por último, estos genios científicos emiten en el dictamen: que los rumiantes (vacas, cabras, jirafas y otros animales) emiten entre 50 y 100 millones de toneladas de metano anuales.
O lo que se deduce: el valor del pedo.
Admítaseme: gran pedorrez.   
santiagolopezcastillo@yahoo.es
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1 Comentario
Emigrante
Fecha: Miércoles, 20 de junio de 2012 a las 01:45
¿No se habla con su hermana? No le extrañe señor Castillo, es cosa muy corriente enfrentarse con aquello, aquellos/as que convivimos, con lo que convivimos a a diario acabamos chocando o cogiendoles manías, debido a la obligada convivencia. Sin embargo con Dios no lo hacemos puesto que no convivimos con él, sino que se mantiene lejano. Todo lo lejano por no poderse comprobar o convivir se convierte en un mito aunque sea un bastardo. Lo que me extraña es que no se haya enfrentado ya con Niebla. Claro que Niebla no discute, y siempre aprueba con un guao guao. Malo es hacerse viejo sin haberlo aceptado como irremediable y lo peor de ello es que cuando se es creyente ocasiona más penalidad, a veces por el hecho de no tener la conciencia tranquila. Cuando se ha vivido y se vive criticando y sin comprensimiento hacia los problemas de los humildes y en una actitud reaccionaria se pierde la paz interior, créame.
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