Cristina del Valle, Cantante y presidenta de la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género
La cantante que en los noventa cantó sin tapujos sobre el aborto o contra el racismo regresa con un nuevo compañero musical y nuevos ritmos y mensajes. El compromiso social seguirá siendo el eje vertebrador de un nuevo proyecto que apunta ahora a Latinoamérica.
Por qué precisamente ahora el regreso de este grupo legendario del pop español?
Porque todas las cosas tienen su proceso. Amistades peligrosas salió en un momento muy especial, veníamos de la vorágine transgresora de los ochenta y, cuando se pensaba que en los noventa no había nuevas ideas, Amistades nació con un espíritu rompedor al hablar sin tapujos del racismo, del aborto y otros temas que hasta ese momento eran intocables, innombrables en la sociedad española del momento. Llegó un momento que necesitaba irme y comenzar una nueva etapa en mi vida a través de una inmersión en el conocimiento del mundo desde un punto de vista como artista y como personaje público comprometido con el activismo social a través de la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género que presido. Y ahora, de pronto, ha llegado una nueva etapa en la que Amistades peligrosas ha llamado de nuevo a mi puerta. Es mi sello, mi marca, marcó un hito, fue la banda sonora de mucha gente y, ahora, en estos momentos de crisis brutal, cobra de nuevo sentido, porque todo lo que significó entonces cobra de nuevo plena vigencia. Al igual que Cambio16 marcó una época y está aquí para retomar sus ideales, Amistades vuelve con mi madurez y mi aprendizaje vital. Tengo mucho que contar en esta época de crisis absoluta de valores y también creativa. Amistades reaparece con la impronta del espíritu del 68 francés, una revolución que empezó también desde la clase estudiantil. En nuestro caso, volvemos a los 60 como antídoto de todo lo que está ocurriendo en la sociedad actual y lo hacemos a través de la música. Es el sentido último de Amistades: recuperar el amor como antídoto contra la incomprensión y la violencia, llegando a un modelo que pase por la igualdad como eje vertebrador de una nueva sociedad más justa e igualitaria, otro mundo posible que se traslade a los Estados. Quiero con Amistades normalizar lo que se ha convertido en anormal, la falta de amor y de compromiso, teniendo siempre muy presente como referente a Lydia Cacho, la periodista y activista que sufre todo tipo de violencia por parte de los narcos en México. Se jugó la vida y se la sigue jugando todos los días. Ella asegura que solo el amor es ya en sí una revolución. Nunca desde la rabia, la ira o el dolor se logran los objetivos en la vida. Y yo, personalmente, prosigo mi militancia activa, ahora desde la música, que es desde donde empecé a luchar por otro mundo posible. Amistades peligrosas regresa en el momento más oportuno, precisamente cuando más se están pisoteando los derechos sociales.
Usted se mantiene como icono del dúo que en los noventa arrasó en las listas de éxitos y ventas de discos, y lo hace acompañada de un nuevo compañero, Manu Garzón. ¿Qué aporta él a esta nueva etapa de Amistades peligrosas?
Manu es como un ángel caído del cielo. Es un compañero que tiene muchísimo que ver con el cambio de modelo de hombre que la sociedad está comenzando a experimentar en la actualidad. Es un grandísimo artista que ha trabajado en los grandes musicales, y como ser humano es noble, sensible y todo bondad. Aporta mucha riqueza musical al dúo, tiene incontables registros en el jazz, el soul o el rock, no solo en el pop. El aspecto vocal del regreso de Amistades es un tema que me gustaba examinarlo a fondo y también la dualidad hombre/mujer es una de las señas de identidad del grupo desde sus inicios. Está claro que la parte humana es vital. Manu es absolutamente sensible, responsable, tierno, comparte el trabajo doméstico con su pareja, es una persona fundamental en el regreso de Amistades peligrosas. Manu es creativo y equilibrado, aporta al mismo tiempo la madurez y la espontaneidad de una persona al mismo tiempo joven y fresca y experimentada. Cubre a la perfección ese otro perfil que demanda la nueva Amistades peligrosas de modelo masculino, más comprometido y sensible y menos macho y macarra.
![[Img #3403]](upload/img/periodico/img_3403.jpg)
Aunque en esta nueva fase mantiene las señas de identidad de la primera época, Amistades regresa con nuevos sonidos, con más fuerza, con ganas de experimentar. ¿Cuáles son los nuevos ejes musicales del grupo?
Están muy pensados para toda Latinoamérica, que ha sido mi cuna musical, donde yo mamé la música que me marcó: la cubana, la argentina... Estos ejes musicales también los plasmé en mis discos en solitario. Curiosamente, Latinoamérica es un escenario fundamental para Amistades peligrosas sin haber actuado nunca en directo allí, a excepción de un concierto en Bogotá ante 15.000 personas. En América Latina vendimos muchísimos discos, la gente conoce nuestra idiosincrasia como grupo, nuestra música y nuestras letras. El regreso está cimentado en dos pilares básicos. Un de ellos es Me quedaré solo, que hemos grabado en República Dominicana en versión bachata tradicional con Patxi Carrasco. Y en segundo lugar, Africanos en Madrid, todo un clásico que tiene mucho que ver con lo que le afecta directamente a América Latina. Es un tema que no solo no pasa de moda sino que forma parte de una realidad actual mucho más sangrante que cuando lo publicamos entonces. Africanos en Madrid es una denuncia a todas las políticas racistas que, sorprendentemente, siguen consiguiendo votos en la actualidad. Y por último, uno de los ejes fundamentales del nuevo disco será el tema Te besé. En él se recoge toda esa filosofía en torno al amor que tiene mucho que ver con lo personal. Lleva guitarras flamencas, laúdes... Lo compuse cuando conocí a Manuel en Madrid hace dos años en un congreso de escritores. Estuvimos conversando y quedamos en vernos. Esa noche actué y quise regalarle en el escenario esa canción, que la compuse sin apenas tiempo de por medio. De pronto, esa persona impacta en tu vida. El tema lo presenté como algo íntimo y él se subió al escenario. En él hay una declaración de principios: habla del Sur, del Rocío, del amanecer, desde la pasión y el conocimiento. Es algo así como cuando vas a la escuela con la universidad hecha. Es la canción que resumen todo el disco. Habla de la naturaleza, del amor, de las emociones, de ser libres, de que los afectos viajen libres. Debemos apostar por el amor y la pasión desde el conocimiento y la viviencia personal. Los afectos no son comprables. La gente confunde estilo con calidad de vida. Este amor no se compra, debemos profundizar día a día en él. En los ritmos de las nuevas canciones se mezcla el pop, el rock o lo latino con la balada. Estoy en una época en que me apetece muchísimo la balada. He trabajado con los mismos autores de siempre de Amistades peligrosas: Tontxu, Iván García-Pelayo (en el tema religioso transgresor titulado Resucítame, donde se habla de una relación de pasión y de amor) o Toni Morilla en el tema Boca dorada.
El arranque de la nueva formación tuvo lugar el 13 de abril en República Dominicana, con una mediática repercusión. ¿Seguirá siendo Latinoamérica un pilar fundamental para Amistades peligrosas?
Lo es todo. Empecé a trabajar en este nuevo proyecto hace unos meses. El contacto con Manu Garzón se produjo a través de mi manager. Curiosamente, todos los contactos los mantuvimos inicialmente a través de las redes sociales. Lo de República Dominicana fue una experiencia muy especial. Fue impresionante constatar el amor y el calor de la gente allí hacia Amistades peligrosas. Me quedé muy impactada. Manu y yo quedamos en vernos en República Dominicana. Era la primera vez que nos subíamos juntos a un escenario. Cuando el público nos vio fue algo mágico. Amistades está muy viva en la cultura latinoamericana. Estamos en un momento de madurez creativa en el que Latinoamérica es fundamental en nuestro proyecto.
¿Cómo cree que sus fieles seguidores se tomarán este regreso de Amistades peligrosas?
Estoy muy conectada a las nuevas tecnologías y las redes sociales y compruebo día a día que los seguidores nos piden que volvamos.
La incorporación de nuevos ritmos y sonidos, pero con el marchamo del Amistades peligrosas de siempre, intentará atraer también a nuevos seguidores. ¿Es así?
Este es un aspecto muy curioso, porque en nuestro concierto en República Dominicana pude comprobar que había muchas madres con sus hijos allí presentes. Los más jóvenes habían conocido nuestra música a través de sus padres. Estoy convencida de que el espíritu de Amistades caló de pronto en toda una generación joven y nueva. La idea es ganar a un público que haya evolucionado como nosotros. Además, la aportación de Manu Garzón para atraer a un nuevo público femenino es también decisiva. Todo esto sin dejar de lado ni perder a la generación que nos siguió en nuestros comienzos.
El compromiso social es una de las señas de identidad del grupo. En los tiempos difíciles que nos tocan vivir, ¿no cree que el mensaje debe ser más comprometido que nunca?
Nos avala nuestra línea vital, todo mi trabajo ha ido dirigido a eso, a luchar cuerpo a cuerpo con las causas de la justicia social, a través de la música y de la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género. En este sentido, quiero hacer hincapié en lo que fue el espíritu de los sesenta. Nuestra intención es rescatarlo para concienciar a las nuevas generaciones de descontentos que sufren las injusticias de la sociedad. Este será el hilo conductor de nuestro proyecto musical. Debemos volver, como me decía Lydia Cacho, a la humanización. Este no es un problema de los políticos o de los grandes emporios empresariales, sino de cada uno de los ciudadanos. Este proceso de deshumanización está ocurriendo en cada ciudadano porque lo estamos haciendo mal. Por ello debemos recuperar el modelo de los sesenta y por eso la música debe ser un catalizador de todo ello porque su lenguaje es universal. Debemos ponerle música a la libertad, desesclavizarnos de las cosas negativas que nos rodean. El trabajo ha ocupado el campo de los afectos, y todo esto produce frustración. Por eso nosotros vamos a hablar de paz en nuestras canciones, pero de una manera profunda y necesaria. Esto no lo cambia la política o las grandes empresas sino cada uno de nosotros. Nuestra música habla de trabajar los valores del ser humano, con un rollo siempre muy positivo, no voy a cantar dramas, siempre lo haré en positivo y con propuestas.
Además de cantante, su papel como presidenta y fundadora de la Plataforma marca la vinculación directa del dúo con la lucha social, con la reivindicación de los derechos sociales. ¿Cómo complementa ambas funciones?
Durante toda mi vida las ensamblé. Precisamente este fue uno de los motivos por los que me fui anteriormente del grupo. Parece que por el simple hecho de ser artista debes ser neutro y en mi caso no era así, por eso creí más ético marcharme, porque buscaba un activismo mucho más fuerte. Y ahora vuelvo a Amistades peligrosas porque todo esto lo puedo hacer. Quiero recuperar la música como música pura, como antídoto positivo frente a los problemas. Los seguidores me dicen a través de las redes sociales que qué buen rollo transmitimos, sobre todo en estos tiempos tan grises. Busco la música como algo sanador, por ello siempre tendremos un posicionamiento ideológico tamizado por la poesía.
Si la crisis económica en España es brutal a todos los niveles, el sector discográfico parece que ha sufrido aún más sus efectos devastadores. ¿Se sigue sin ver la luz al final del túnel?
No me gusta generalizar, pero es verdad que atravesamos un momento especialmente duro y difícil, aunque al mismo tiempo muy creativo e interesante, con nuevas propuestas. La dinámica en la que estábamos inmersos de multinacionales ha matado la música. Se debe gestionar de una manera muy diferente. Se metió dentro de ella el mercado, que nada tiene que ver con la esencia de la música. Este es un momento para la autogestión, que no sea lo de siempre, lleno de intermediarios. Al final se inflaba todo. Las leyes del mercado se han cargado todo el espacio creativo de la música. También tiene mucha culpa de todo nuestra falta de organización. Se ha producido una regresión absoluta de nuestros derechos, y esto tiene mucho que ver con la falta absoluta de organización de los músicos. La eclosión de las nuevas tecnologías nos permiten crear nuestra propia tiendecita para vender nuestra obra. Permite que el reparto de las posibilidades sea mucho más democrático. Existía una cadena brutal, demoledora, invisible, que hacía imposible mantener el modelo existente. No acabamos de consolidar la idea de que la creación artística es un trabajo que produce una persona que debe llenar el frigorífico de su casa con su sudor.
¿Qué futuro inmediato le espera a la música?
Los artistas y los creadores deben tener más alternativas. El modelo respecto a la música ya no será el mismo, ha cambiado para siempre. Antes sólo fichaban a grupos muy reconocidos. Ahora se han abierto nuevas vías que van a funcionar. Duele que este país se haya quedado sin banda sonora. ¿Qué nos queda? Sacar la música a la calle, una línea de hermandad total con el público, trabajar la autogestión y potenciar los conciertos en directo.