Semanario Decano de política, economía, cultura y sociedad
Jueves, 23 de mayo de 2013

Domingo, 24 de junio de 2012
La ventana discreta

Los chinos

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Santiago López Castillo

Los chinos crecen como hongos. Nacen, se reproducen y no se mueren. No en balde son casi mil millones de habitantes. Las esquinas de nuestras ciudades, antes pobladas por bancos, están llenas de chinos.

El “chino” es el sustituto del “todo a cien”, que ahora es 166,39 de las extintas pesetas. Y más que gangas, lo asombroso es que encuentras de todo. Igual que en aquellas calles de Madrid como Pontejos, donde las señoras compraban el botón más difícil todavía o las puntillas más atrevidas tal que si fueran para exhibirlas en el cancán. Bueno, pues los hijos de Confucio, Mao Tse-tung y Chang Kai-shek no cesan en la proliferación de comercios. Primero fueron los restaurantes chinos, con su rollito de primavera y su salsa agridulce, arroz tres delicias, etcétera, y ahora son estas tiendas que no sólo te venden la bandera de España sino un Cristo nazareno y, por supuesto, una bailaora y un toro con banderillas pero sin la luna de la dehesa (abstenerse en Cataluña).
Asimismo me sorprendo, me hago cruces, de lo rápido que aprenden el español. Más que en Cataluña, perdón por la reiteración. “Pelo” por perro, “lata” por rata, porque también expenden raticidas, trampas para los “latones”,  “tlapos” por trapos… ¿Y qué sabemos nosotros, los españoles, del chino? Pues que tienen los ojos achinados y que todos nos parecen iguales. De ahí que en las competiciones deportivas internacionales surjan más de mil reclamaciones porque el del pimpón, además de imbatible, puede que tenga cien años en vez de quince y el Comité Olímpico sin enterarse. No digamos nada del judo u otras artes marciales. Los españoles que estuvieron en los Juegos de Pekín, se trajeron bajo el brazo, en plan cursi, Beijing en vez de Pekín, y Sanjai, nombre silabeado al modo del barrio de Salamanca, en lugar del Shanghai, el de toda la vida. Si lo sabrá usted.
En este ir y venir español a esta zona del flan chino mandarín, cómo lo que sabía Avecrem, corre la historia —no sé si será leyenda urbana— de que un matrimonio español, llegado a Hong Kong en una caravana, y al ir a comer a un restaurante, pescado vivo, culebras vivas, hormigas gateadoras, alacranes selectos al aguijón, solicitaron que a su perro lo pusieran a buen recaudo mientras ellos degustaban la comida. Cuál fue la sorpresa cuando los cocineros chinos les servían, momentos después, a su perro al chilindrón.
Conviene desterrar aquellos aforismos que arrojaban a las tinieblas expresiones como “les engañamos como a un chino”. Nunca jamás. Ellos son grandes comerciantes. Son relativamente limpios. No montan broncas como los moros. Y a la bronca la llaman “blonca” y a la muerte, “muelte”. Ah, eso sí, me gustaría ver algún entierro chino. Es posible que lo expendan en una tienda de los “chinos”.

PD. Luego están los chinos underground. Esos que trabajan hacinados como hormigas en un metro cuadrado. Eso también es made in China.    
santiagolopezcastillo@yahoo.es
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2 Comentarios
beto
Fecha: Viernes, 29 de junio de 2012 a las 17:38
Los chinos estan hacendo exactamente lo que hicieron los europeos en américa hace mas de 500 años. La diferencia es que ahora, los chinos compran negocios,edificios, tierras. Antes (y todavía) los europeos en américa entre corrupción y menejos, hacen cualquier cosa.
Juan Pérez
Fecha: Lunes, 25 de junio de 2012 a las 02:21
A lo cual yo añadiría que no es España el único país donde sigilosamente se apoderan de todo lo que pueden. Por ejemplo en Australia donde hago este comentario: suelo hacer la compra en el mimo supermercado ya hace decenas de años, más de tres. He visto, especialmente, pequeños negocios puestos por europeos venirse abajo. Los chinos o asiáticos llevan ya años tomando estos pequeños negocios (también otros más grandes) y jamás los he visto cerrar uno. No se como sobreviven (creo saberlo) pero tienen la paciencia y el poder económico de aguantar hasta que poco a poco ir consiguiendo clientes, a veces años. También he podido observar como jóvenes chinos bien trajeados miran allí y aquí. Seguramente para observar lo que se vende y copiarlo después. No me cabe duna de que están apoyados por alguien o algo. Seguramente trabajan como chinos y lo hacen para otros además de mantener su negocio propio. También pueden que lo lleven en familia o estén apoyados por el gobierno chino o su mafia a nivel internacional, vaya usted a saber. Existen barrios en los cuales todo es chino o parecido, ya no tiene uno que ir a Asia para ver lo que son. No suelo ir por allí a hacer la compra (lo hice una vez) porque no son de fiar higiénicamente, además de que sus tiendas huelen mal todo esta amontonado, pero tienen una clientela china suficiente, no se de dónde viene tanto asiático, por no decir chino. Está claro que conocen las leyes de los países donde emigraron y que aprovechan sus leyes para traer más chinos que luego emplean como mano de obra de esclavos. Son silenciosos, no dan escándalos y se acoplan a las leyes locales, pero en los lugares donde se hacen numerosos, en el futuro, pueden ser un problema. Por otra parte no se olviden de los hindúes originarios del país de los gitanos que podrían ser peores. Los pueblos, sus habitantes, con la globalización se mezclan, pero si sus habitantes no se integran en una cultura internacional y si debido a sus culturas y nacionalidades crean guetos sin lugar a dudas el problema será real.
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