El problema europea no es solamente económico es, ante todo, de gobernanza y de falta de decisiones políticas. Hace años que la Unión Europea va sin rumbo y a la deriva. El acuerdo de mínimos conseguido por los jefes de Estado este pasado fin de semana en Bruselas, es una muestra palpable de que a pesar del pequeño paso dado, seguimos con las mismas dificultades.
Sigue sin haber visión de conjunto y, lo más preocupante, es que cada país barre para casa sin que se impongan políticas globales y soluciones integrales. Este problema que anestesia y paraliza las instituciones europeas nace al admitir, y de forma precipitada, la integración de numerosos países provenientes del bloque soviético. No hubo periodo de adaptación ni de integración.
Con la crisis, todas estas circunstancias han ido agravándose. Los distintos líderes europeos no han sabido estar a la altura de las circunstancias y llevan años provocando el ridículo más espantoso cada vez que se tiene que tomar una decisión o con motivo de la celebración de las diferentes cumbres.
El ejemplo más meridiano de toda esta deriva lo hemos vuelto a ver estos últimos días con la aprobación, tras una larga noche de negociación, de las nuevas medidas de estabilización y mecanismos que van a permitir recapitalizar directamente a los bancos. Después de este acuerdo deseado por Italia y España, Angela Merkel declaraba que “Berlín no había cedido en nada”, mientras que François Hollande no dejaba de expresar su satisfacción por los resultados obtenidos.
Sin embargo, este acuerdo que nos ha dado un respiro frente al acoso de los mercados, no puede ocultar los problemas de fondo que siguen sin resolverse. El propio Mariano Rajoy ha reconocido que nuestra Administración no es capaz de financiar su excesivo endeudamiento. Nadie dice que no se va a pagar lo que cada uno debe, pero tampoco se ha puesto sobre la mesa un plan más flexible que nos permita aliviar o renegociar nuestra deuda.
Los más pesimistas, y son cada vez más, vaticinan nuevas tormentas dirigidas no solamente contra España e Italia sino que también contra Francia y con efectos colaterales para Alemania. El fondo de todo este asunto sigue siendo la moneda europea. Los ataques al euro no van a cesar hasta que no se tomen decisiones mas contundentes desde Berlín y desde Bruselas.
Las deudas han asfixiado gran parte de las economías europeas. No se ve a corto plazo una salida que permita recobrar la confianza y la credibilidad. Toda esta deuda va acompañada de recortes y recortes que van a ser pagados por los de siempre, es decir el ciudadano de a pie. Necesitamos más que nunca nuevos estímulos que permitan el crecimiento y no simples parches para salir del paso. Es la hora de las grandes políticas y las grandes decisiones. Pero todos nos tememos que no llegarán mientras Angela Merkel, se niegue a apostar verdaderamente por Europa; al menos que al borde del abismo, donde ya nos encontramos, no quede otro remedio. Esperemos que no sea demasiado tarde.