Hijo del abogado Plinio Mendoza Neira, Plinio Apuleyo Mendoza es, a sus 79 años, uno de los grandes escritores y periodistas colombianos de los últimos tiempos. Ha escrito centenares de artículos, es amigo personal de los escritores Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez y ha sido galardonado con numerosos premios y menciones. También ha ejercido como embajador de su país en Italia y Portugal. Actualmente, vive en Bogotá, donde ha presentado su última novela, Entre dos aguas
¿Cómo encontró Colombia tras su regreso desde España después de vivir tantos años en Madrid?
Con mucha inquietud, primero. Luego está el problema del narcotráfico, que es muy grave, y creo que requiere nuevas soluciones, como despenalizar la droga; yo soy totalmente partidario. Esa política de que se puede combatir por medios policiales en los países donde se origina, como es el caso de Colombia, no es suficiente porque sigue siendo un negocio extraordinario que mueve mucho dinero y, entonces, el narcotráfico se encuentra
con dos grandes aliados: el consumo, que es creciente en todo el mundo, y el otro, que es la geografía.![[Img #2007]](upload/img/periodico/img_2007.jpg)
La receta policial ha fracasado. Es un problema muy difícil de resolver porque Colombia tiene miles de kilómetros de selva que no están controlados porque no existe el Estado y no llega la policía. La salida de la droga hacia fuera es muy difícil de controlar. Y también está la compleja alianza que hay en esas zonas hoy entre el narcotráfico y la guerrilla, que se han convertido en aliados naturales y colaboradores en esta, digamos así, industria. La guerrilla se ha convertido en autónoma en términos financieros y tiene una potente capacidad económica. Mientras la industria del narcotráfico continúe, la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC) también seguirá existiendo. Pero, aparte del conflicto, vivimos también el posconflicto,
que reside en la difícil integración de aquellos que abandonan las armas y quieren regresar a la vida civil. Nuestro conflicto, que dura ya más de cuatro décadas, continúa y sigue presente en nuestra vida cotidiana. Además,
considero que las FARC, pese a lo que se diga, no están derrotadas porque ahora combina varias formas
de lucha: una es militar y otras son la política, la jurídica y la diplomática. El Estado sólo hace frente a la militar y la otra es muy efectiva, consigue a veces mejores resultados que la acción propiamente militar. Existe una operación
en estos momentos distinta a la militar que se llama “Renacer”, que ha sido diseñada por el máximo
jefe de las FARC, Cano, y que tiene una estrategia política que consiste en los milicianos bolivarianos,
que son unos diez mil, y cuyo trabajo es esencialmente político, de control de la población. Incluso compran fincas con amenazas: se han acabado convirtiendo, por tanto, en
un poder político y económico difícil de derrotar.
Son milicianos, pero aparecen como la población civil, y el ejército no sabe bien cómo actuar. Luego ha habido otros errores en el manejo de la guerra, como dejar en manos de la justicia ordinaria los asuntos relativos a los militares, donde se ve siempre al uniformado como al malo de la película y es tratado casi como un delincuente;
ya hay tres mil militares detenidos por ese error cometido durante el mandato de Uribe. Habrá un 10 por ciento de militares justamente detenidos, pero una parte mayoritaria es inocente, lo que ha contribuido a la desmoralización del ejército y que muchas veces evite los combates para evitar problemas con la justicia ordinaria. Tengo, con estos elementos, una visión no muy optimista acerca del momento del país, que sigue viviendo ese conflicto sin que se atisbe el final del túnel. También creo que Santos puede caer en el error de que se puede abrir un diálogo
político con la guerrilla para cerrar el conflicto, tal como hizo de una forma desafortunada el presidente
Pastrana, y abrir una nueva era de negociaciones que no dará resultados, pues, como ya he dicho, las FARC no están derrotadas totalmente, como algunos piensan y quizá el mismo presidente pudiera pensar. La guerrilla está renaciendo, incluso está bien dotada porque el vecindario regional, Venezuela y Ecuador, les son favorables y las toleran abiertamente. Las FARC se han infiltrado en la sociedad civil y muestran una fortaleza absoluta a través de estas infiltraciones en todos los estamentos que antes no tenía. Incluso hasta en la justicia ya están presentes,
por no hablar de determinados medios, como la revista Semana.
¿Comparte el análisis negativo y la decepción de algunos con respecto al primer año del presidente Juan Manuel Santos?
Santos es muy diferente a Uribe. Uribe era muy vertical y no hacía concesiones, como hizo cuando condenó a Venezuela por su connivencia con la guerrilla, mientras que Santos es muy distinto: es un hombre más político y, sobre todo, un gran jugador de póquer. Traslada esa habilidad a la política. Es un hombre muy hábil, sabe muy bien lo que se trae entre manos, y busca apoyos para lograr llevar a cabo su proyecto. Son dos formas muy
distintas de concebir el poder. Creo que el único aspecto en que puede haber fallas en su proyecto es en el asunto de la seguridad, que quizá se está descuidado, y porque la guerrilla está apareciendo en zonas donde antes no estaba; esa situación puede hacer creer a la gente que se está perdiendo esa batalla y que las cosas se están torciendo con respecto a la época de Uribe, que fue muy exitosa. Ese problema puede presentarse para Santos.
Ahora hay asaltos, delincuencia, guerrilla... y la gente percibe que se ha descuidado la seguridad, a lo que se le viene unir la difícil situación económica, que se agravó por el temporal invernal que golpeó duramente Colombia.
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