
Dice mi sabio profesor de canto al que admiro y quiero desde hace muchos años, Jorge Uribe Sáenz, que quien utiliza la violencia y el control para relacionarse socialmente es porque tiene miedo. Decía Sartre que el hombre construye su historia a partir de la apropiación de la historia que le han construido, que hay que tomar posesión de la que nos han elaborado y luego crear una propia basada en la crítica y el análisis de lo aprendido.
Muchas personas viven con una articulación de su vida que no les pertenece y que reproducen sin la consciencia de lo que tiene que ser modificable o no. Pero sobre todo viven sin el reconocimiento de sí mismos, sin el análisis a sus comportamientos y sin ningún cuestionamiento hacia sus conductas. La agresividad o la violencia les protege ante cualquier situación que detectan como conflictiva o que quiebra su pequeñísimo espacio de seguridad, ya que, sobre todo, es la inseguridad y el miedo que la misma produce y la falta de madurez emocional lo que caracteriza lo que se ha dado en llamar “maltratadores sociales”. Conciben la autoridad como un ejercicio de poder y control en las relaciones con otras personas. Ejercen liderazgos que nada tienen que ver con la autoridad moral o el carisma. Su liderazgo o influencia sobre otras personas se asienta en el no reconocimiento del valor de los otros (por eso son incapaces de trabajar en equipo o generar sinergias en el grupo) y en una visión de sí mismos carente de autocrítica y absolutamente egocéntrica. La falta de empatía es una de las claves de estas personalidades, algo que comparten con l@s psicópatas. Muchas de estas personalidades ocupan espacios de poder en el ámbito político y social, y desde allí ejercen, revelando en su comportamientos la impotencia a la hora de ofrecer una alternativa diferente al sometimiento. El verdadero problema del maltratador social es su propia inmadurez, que les empuja cada vez más a la brutalidad. Se sienten asustados, amenazados, humillados, y toman el atajo de la violencia en cualquiera de sus formas. El carácter no selectivo de esta conducta es una de las características que los diferencia del maltratador por cuestión de género o maltratador de mujeres, que ejerce la violencia y el control sobre la mujer, a la que no considera un igual y sobre quien se cree con el derecho legítimo a controlar por su estatus de superioridad. Pero no ejercen esta conducta sobre sus amigos, jefes, compañeros, etc., a quienes consideran un igual y, sobre todo, son conscientes de que tal conducta no sería admisible por el grupo. El maltratador social la ejerce indiscriminadamente y, a pesar del coste social que le supone, camina en una huida hacia adelante, siendo incapaces de mirarse al espejo, ya que cualquier reflexión les conduciría a desmantelar toda una estructura mental errónea que los sostiene ante sí mismos, a pesar de la frustración y la amargura en la que viven. Solo cuando nos construimos desde el amor, el respeto y la libertad podemos vivir en armonía con nosotr@s mism@s y con el entorno. Construirnos desde aquí supone un constante cuestionamiento y aprendizaje, nunca desde la soberbia sino desde la profunda humildad de reconocernos como seres human@s imperfect@s con la capacidad de intervenir en nuestras vidas y en la vida del mundo para cambiarnos y cambiarla.