
Necesitamos reorientar el difícil proceso de paz para avanzar sobre bases democráticas en el final de ETA y apostar por una normalización de la sociedad vasca sin sectarismos. Y lo digo tras soportar una nueva demostración de incapacidad del nuevo Diputado General de Gipuzkoa para liderar la construcción de la convivencia en Euskadi. Siento vergüenza de tener como máximo representante institucional al Sr. Garitano. Es como si nos llamara imbéciles a la cara cada vez que abre la boca. Su sectarismo, inmadurez como gestor y su actitud de provocación a las víctimas de ETA, resultan inadmisibles. Lo terrible es que a quienes le votaron no les importaba que el candidato de Bildu tuviera un pasado antidemocrático evidente y estridente. O que los atentados le resultaran admisibles. Hay mucho escrito por su parte.
Ahora se ha atrevido a establecer categorías
humanas entre las víctimas por razones de conveniencia política para la antigua
Batasuna en aquellos años dramáticos. Es despreciable que Garitano considere un
error las causadas por ETA en los atentados que cometió en Cataluña. ¿Y las
demás? ¿Qué tiene que decir de las demás víctimas? Él se piensa que la condena
de los atentados puede esperar, como si se tratara de una larga novela por
entregas en la que, con suerte, hay que esperar pacientemente al último
capítulo para conocer de una puñetera vez si se producirá la condena de ETA y
el reconocimiento de la barbarie que supusieron los asesinatos en un Estado
democrático.
Estoy seguro de que juega con el factor de la desmemoria de las personas y el desconocimiento de lo ocurrido por los más jóvenes de la sociedad vasca. Quienes le hemos leído en sus periódicos y oído en las tertulias, sabemos bien cómo pensaba. ¿Qué dijo del asesinato de Ernest Lluch entonces, por ejemplo? Me pregunto, para cuándo la autocrítica personal del máximo responsable de una institución foral democrática por haber combatido y despreciado durante décadas los principios básicos de la democracia y de los derechos humanos.
Lo cierto es que su designación por Bildu como candidato a la Diputación me pareció, más que un error, una falta absoluta de coherencia con los valores y principios democráticos que Otegi dice defender y respetar en esta “reinvención” del antiguo movimiento Batasuna. Porque para representar a una institución, además de ser buen gestor hay que tener moral democrática y convicciones para ayudar a construir la convivencia como prioridad.