Estos días se ha celebrado un encuentro organizado por la embajada francesa, en colaboración con la Plataforma de Mujeres Artistas, Mujeres Women, Foro Mujeres Diálogo, la Secretaría de Estado de Igualdad y el Fondo Europeo de Voluntariado 2011, que bajo el titulo “Mujeres, crisis económica y mundo laboral” reunió a feministas emblemáticas de España y Francia para analizar conjuntamente la situación de las mujeres en ambos países ante la crisis actual.
Las mujeres se han incorporado de forma masiva al mercado
laboral en las últimas décadas. Sin embargo, las diferencias y las
desigualdades persisten. Si las mujeres ocupan cada vez más puestos de
responsabilidad, también siguen ocupando los empleos más precarios, los más
desvalorizados socialmente y en las peores condiciones, y es en el ámbito
económico donde persiste la mayor brecha de género. Durante la crisis, hemos
asistido a un análisis tremendamente perverso, donde se decía que esta misma
había favorecido la situación de igualdad en el ámbito laboral de las mujeres,
ya que en los datos de las encuestas aparecía una equiparación con el numero de
mujeres trabajadoras al descender los puestos de trabajo masculinos. La crisis
afectó más claramente a dos sectores, el de la construcción y el del automóvil,
totalmente masculinizados y donde se produjo el mayor número de despidos. En el
ámbito de los servicios, que es donde mayoritariamente están incorporadas las
mujeres, se ha notado menos la crisis, pero por otro lado la reducción de jornada
sí les ha afectado llevándolas a la precariedad. Pero además, las mujeres se
han visto afectadas por la crisis al aumentar las cargas familiares ante la
pérdida del puesto de trabajo del varón, sin que el mismo participe de una
manera corresponsable en el ámbito familiar y el cuidado de los hijos,
familiares dependientes o enfermos. Recayendo del mismo modo la doble jornada
laboral sobre las mujeres y un aumento de los tiempos de trabajo no remunerado,
con una pérdida de su calidad de vida. El 80 por ciento de las mujeres trabajan
a tiempo parcial y las condiciones de este tipo de trabajo han empeorado con la
crisis. El hecho de tener hijos perjudica el trabajo de las mujeres,
obligándolas a elegir entre la maternidad o el trabajo, algo que pone en evidencia
a todo un sistema discriminatorio y deshumanizado. Otro elemento fundamental es
que con la crisis han desaparecido los microcréditos, mayoritariamente
solicitados por las mujeres. Ellas son mucho mas emprendedoras, según los
datos, y las que más se arriesgan a montar empresas propias. Y lo peor es que
las políticas públicas, tanto en Francia como en España, han ido encaminadas a
apoyar a los sectores más masculinizados, como el de la industria y la
construcción, acompañadas de una reducción en todos los servicios públicos y
ayudas sociales. Para afrontar estos retos, tenemos que cambiar el modelo
productivo, dejar de hablar de la “empleabilidad” de las mujeres y sus tiempos
y calcular el producto interior bruto de otra manera, con otra perspectiva. Sin
enfoque de género no hay salida de la crisis, las mujeres somos mas del 50 por
ciento de la población y no puede haber respuestas iguales para todo un grupo
que no lo es. Y tenemos que tener otra mirada sobre el hecho de que solo se
considere producción aquello intercambiable en el mercado y dar valor a la
ética del cuidado.