Lunes, 7 de noviembre de 2011
Palabras en libertad

Empezó o acabó

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Rafa García Rico

No sé muy bien si empezó o acabó. Pero el asunto es que ya estamos en campaña, me refiero a la lenta cuenta atrás que impedía expresamente a los candidatos pedir el voto en esa especie de simulación preelectoral que no sirve de nada. Por eso no sé si realmente acabó el partido y ya estamos en el tiempo de descuento, en la prórroga, ese momento angustioso en el que se lucha denodadamente por el balón o si, por el contrario, estamos ya en eso que llaman los minutos basura, esos en los que apenas se disputa nada.

Una campaña electoral en el siglo XXI y en la sociedad de la información no deja de ser una especie de sortilegio. Estamos expuestos de forma activa y permanente a todo tipo de información y esa comunicación entre emisores y receptores ahora es activa y no pasiva. Interactuamos, es decir, nos enteramos y opinamos, preguntamos y compartimos inquietud. Así que en ese estadio de las relaciones sociales parece un conjuro a la evolución detener el tiempo y volver a la retórica unidireccional de los mensajes enlatados propios de una campaña.

Desde hace décadas la política no ha estado tan en cuestión como en este momento, no sólo por los indignados que protestan, con razón en muchos casos, por el abismo real abierto entre sociedad y política, también porque incluso en las filas oficiales hay reformadores de corazón, personas que con conocimiento de causa han elaborado listados de objeciones al sistema tal y como está y apuestan por una reforma profunda. Tal es el caso de Rubalcaba, que acierta abiertamente cuando propone un nuevo impulso democrático apoyado en la experiencia de gobierno y en la innovación que promueve su jefa de campaña. Acierta el candidato socialista cuando propone eso y no cuando sus publicistas lo enredan en vídeos decimonónicos.

Rubalcaba se enfrenta al desafío de conectar con la gente. O de hacer que los suyos desconecten del legado de Zapatero y emprender, por fin, un camino propio. Y es posible. Aunque la campaña la haya protagonizado quien afirma con vehemencia ser el responsable y haya demostrado la verdad de su intención de hacer “lo oportuno” costase lo que le costase… a Rubalcaba, se entiende, que es el candidato.

Pero pelea, Rubalcaba pelea, y eso me parece importante. Unas elecciones libres son unas elecciones disputadas, en las que se confrontan propuestas y se opta entre candidatos —y entre programas, pero eso ya es otro cantar—. Aunque no disponga de opciones sí tiene obligaciones. Consigo mismo, con su integridad y con la responsabilidad de sacar su partido del agujero donde está inmerso.

Una democracia moderna, decíamos, es la que interactúa. Creo que en eso, en el tiempo del que ha dispuesto y con lo que le ha caído, ha hecho bien: ha despejado, además, un camino que todos los políticos tendrán que andar para estar, de verdad, con la gente.

Así que sin saber muy bien si esto ha empezado o si ya estamos en la cuenta atrás, estemos atentos a la evolución de la campaña. En cualquier caso, el esfuerzo del candidato socialista merece algo más que consideración.
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