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Viernes, 18 de mayo de 2012
Última actualización: Jueves, 17 de mayo de 2012 12:35

Lunes, 7 de noviembre de 2011
Opinión

Otras caras del sensacionalismo

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Jorge Zavaleta

¿Por qué las empresas periodísticas concentran hoy su mirada en todos los países latinoamericanos, donde los proyectos democráticos tratan de superar viejas estructuras y convencionalismos del poder tradicional? El pasado mes de octubre, Lima ha sido sede de la 67 Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), del encuentro de la Asociación Internacional de Radiodifusión (AIR) y la presencia de publicaciones económicas, preocupadas por la presunta inseguridad de la inversión privada, pero, en todos sus discursos, excluyen el sensacionalismo como el peor enemigo de los derechos humanos, empezando por la libertad de prensa.

El dinámico escenario internacional ha incentivado un nuevo amarillismo noticioso, liderado por la televisión de señal abierta. El cierre de uno de los diarios del imperio Murdoch ha puesto en el debate el ejercicio de la libertad y recobran actualidad los antecedentes del magnate norteamericano William Randolph Hearst (1863-1951), desnudado en Ciudadano Kane, una de las obras maestras de la historia del cine, y que Hearst prohibió que se mencionase en sus periódicos el estreno de la película.

“You provide me with the photographs, and I’ll provide you with the war” (Usted suminístreme las ilustraciones, que yo le suministraré la guerra). Fue la elocuente respuesta de Hearst al dibujante del Journal, Remington, quien desde La Habana a finales de 1897 telegrafió a su jefe diciéndole: “Todo está en calma. No hay problemas. No habrá guerra”.

Este pasaje adquiere mayor connotación cuando el editor del Journal, Richard Harding Davis, tras la publicación de los dibujos de Remington, dijo que nunca había visto que Hearst llamara la atención o sancionara a los autores de noticias falsas y él se alejó  para siempre de este empresario, que alcanzó lugares privilegiados en la vida política y financiera de los EEUU.

Pero no sólo las palabras escritas son sensacionalistas. Desde la década de los noventa, en el Perú se ha instaurado el género policial como forma y fondo de la pantalla chica, con el afán deliberado de subestimar o silenciar acontecimientos  de interés colectivo, en desmedro de la ética y los valores de la convivencia social.

“Si no pasa nada, tendremos que hacer algo para remediarlo: inventar la realidad”, afirmaba Hearst, quien demostró que la prensa podía ser un terrible poder al que había que tomarlo muy en cuenta en la política y en los negocios.

 

La esencia de la libertad

Los mensajeros del sensacionalismo, es decir, los grandes propietarios de la prensa regional, han impuesto un guión, que inclusive los políticos más lúcidos y honestos no encuentran mecanismos para proteger la esencia de la libertad de prensa. El país no es solo una lista de hechos policiales y de inseguridad ciudadana.

Solo queda una salida: en aras del pluralismo económico, corresponde a los medios públicos convertirse en tribunas más abiertas y no ser administrados exclusivamente por el Estado, sino también con participación ciudadana.

El sensacionalismo debería ser parte fundamental de los grandes foros y de sus gremios representativos. Las instituciones democráticas, como el Consejo de los Derechos Humanos del Perú (CNDH) ha solicitado la colaboración a la prensa para que participe en la elaboración del Plan Nacional de Derechos Humanos para el periodo entre 2011 y 2016, que debe incluir entre otros puntos, la adecuación de la legislación peruana a las convenciones de derechos humanos suscritas. El tema de la prensa es vital, sobre todo en esta época en que la cibernética va restando vigencia a las fuentes convencionales, y la tradicional empresa periodística, mediante subterfugios, pretende silenciar, tergiversar y oponerse a las decisiones democráticas que inciden contra el narcopoder, la corrupción generalizada y la ineficiencia de las burocracias.

No es casual que en países como Argentina, Brasil, Uruguay, Ecuador, Bolivia y Perú diversos medios promuevan el periodismo caníbal, amarillo, para intentar deformar e impedir los procesos sociales y económicos inclusivos. 
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1 Comentario
Juan Pérez
Fecha: Domingo, 20 de noviembre de 2011 a las 00:28
El sensacionalismo es el arma de las clases dominantes para distorsionar y confundir a los incautos que son, por lo normal, la mayoría. A los periodistas les debería dar vergüenza ser cómplices de semejantes manipulaciones. Pero ya se sabe que en el periodismo hay de todo como en botica. Por lo general abunda, como en todo lo demás, el oportunismo y los genes reaccionarios.
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