Lunes, 21 de noviembre de 2011
Palabras en libertad

Ya se sabe

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Rafa García Rico

Veremos Monti y Papademos, serán iguales o parecidos, dirán que son de esto o de aquello: tendrán ventaja porque podrán permitírselo. No tiene coste. No tienen peaje, ni obligaciones con aquellos a los que, generalmente, les gusta elegir a sus gobiernos.

Ninguna concesión, porque todo depende de la manera en que agilicen la situación contable y cumplan los requisitos. Así que no tienen que bajar la ventanilla y asomar el rostro. Pasarán de largo, con los cristales ahumados. Puede que no tengan que llevar cristales ahumados en los coches que pasen de largo, porque nadie los conoce. Incluso puede que vayan en moto, ¿por qué no? Nadie sabe quiénes son, no padecen la animadversión de los contrarios: no tienen. Las medidas de seguridad para protegerlos serán, sin más, medidas de injerencia en su vida personal. Ya se sabe.

No están amenazados porque carecen de ideas, y si no las tienen tampoco han de tener opositores. Es puro sentido común, ya se sabe. No tienen que tener miedo, ellos vienen a resolver las cosas, a poner orden. Quizá un orden nuevo: un ordine nuovo. Curiosa la cara de Fini, de sorpresa, ya se sabe. Toda una vida soñando reescribir la historia del viejo gorilón, y se lo ponen de funcionario aplicado venido de Bruselas. Los niños venían de París, los funcionarios vienen de Bruselas. Pero nos salvarán, porque no tienen que tener miedo, ni rendir más que cuentas, números, aritmética propia de la cosa financiera, ya se sabe, lo poco que no tiene que ver con lo de los que padecen el asunto complicado de la crisis.

Esto de la crisis, ya se sabe, es cosa de expertos. Y expertos somos todos: basta encender la radio, escuchar una tertulia. Todos expertos. Y entonces, una vez todos expertos, que sea otro experto, varón a ser posible, no barón, que eso es otra cosa, y que se ponga manos a la obra sin politiquería ni ambiciones ideológicas. ¿Qué es eso? preguntará cuando pase de largo con su coche de cristales ahumados, o no, qué es esa maraña de la política sino el mal que engendra la confusión y el caos y el problema de la deuda. Y váyanse a dormir que de esto ya nos hacemos cargo los expertos, los sabios designados, a dedo, sabios ofuscados en cuadrar las cuentas, por supuesto. Sabios, expertos, técnicos, dicen algunos; los que han de meter mano en el atolladero donde nos ha llevado la política que interfiere, inconsecuentemente, en los mercados.

Y así está el asunto Papademos, o el caso Monti, que para el caso es lo mismo: las dos grandes civilizaciones, la democracia y el imperio. La República, con mayúscula, el derecho y la política. La política, ese mal que nos ha reventado el buen negocio de los capitales que vienen y van, y los fondos de inversiones y todo eso que ya sabemos, porque todos somos expertos. Y los técnicos más, sabios dicen. Ya se sabe.

Así que a esperar con tranquilidad que de la ambigüedad surja el razonamiento, la argumentación, el discurso completo. Los políticos, ya se sabe, nunca dicen la verdad.

La verdad de los mercados.Ya se sabe.
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