El lunes 22 de noviembre de 1971 salía a la luz el primer ejemplar de Cambio16. La portada mostraba una caja de caudales congelada y un titular, “Inversión congelada”. Era obra del publicista y diseñador Michel Malka, que colaboraría en sucesivos números ilustrando las portadas con sus ingeniosas fotografías [78]. La otra noticia que se recogía en portada era “La rentrée de Sampedro” en mayúsculas y situada en la esquina superior derecha.
Aquel número, de cincuenta y dos páginas –todas en blanco y negro, salvo las correspondientes a la cubierta, reservadas a la portada y a publicidad–, arrancaba dando la razón de ser de la revista y los objetivos que se proponía [79]. Partiendo del hecho de que la sociedad española se encontraba “en un proceso de cambio que exige una toma de conciencia esclarecedora de nuestra situación real [el editorialista –que casi siempre fue Juan Tomás de Salas– anunciaba el propósito de lograrla examinando] la realidad económica dentro de la totalidad social” [80]. De este modo, y como si recogiera el testigo del último editorial de España Económica, el nuevo semanario pedía –de manera velada– reformas políticas para evitar que el desarrollo económico provocara desequilibrios sociales.
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Tras el editorial, desfilaban las demás
secciones del semanario. La primera era Actualidad, dedicada a informar sobre
los acontecimientos económicos y sociales más relevantes de la semana. El
primer artículo, “Inversión congelada”, era un análisis de la caída de la
inversión empresarial en España generada, según el semanario, por la falta de
confianza de muchos empresarios hacia la política económica del Gobierno [81].
Para reforzar estas tesis, se entrevistaba al presidente del Consejo de
Empresarios de Barcelona, Torras Trías, que explicaba la razón de esta
desconfianza [82]. Dos noticias breves sobre la financiación educativa y sobre
la especulación inmobiliaria daban paso a otra más extensa sobre el III Plan de
Desarrollo del ministro López Rodó [83].
A renglón seguido, Cambio16 dedicaba media
página a analizar las relaciones comerciales de España con los países del
bloque comunista. Este texto precedía al primer artículo firmado del semanario:
otro análisis más, esta vez sobre los pobres resultados que el Polo de Desarrollo
Económico y Social había generado en Galicia [84]. José Antonio Martínez Soler
y Mario León rubricaban sendos artículos, también de análisis, sobre la
política agraria nacional, el primero, y sobre la crisis de la construcción
naval, el segundo [85]. Este último artículo abría la segunda gran sección del
semanario, Empresas, que recogía cinco noticias más protagonizadas por tres
empresas españolas y dos extranjeras. Además, Antonio Ivorra perfilaba la vida
laboral de José Luis Ruiz del Portal, un vizcaíno dedicado a gestionar
restaurantes de lujo que empezó su carrera como botones de hotel y que
respondía a ese modelo de empresario emprendedor que Cambio16 admiraba en el
editorial [86]. Ponía fin a Empresas el apartado Periscopio, un conjunto de
breves sobre actualidad empresarial.
Seguía a Periscopio Personajes que recogía la
segunda noticia destacada en la portada de aquel primer número de Cambio16, “La
‘Rentrée’ de Sampedro”. Se trataba de una entrevista realizada por Mercedes
Rico a un investigador español, experto en teoría económica. Ya en el número
cero se había anunciado que, a partir del siguiente, se incluirían “detalladas
entrevistas con los verdaderos protagonistas de la economía del país”, poniendo
“especial énfasis en dar a conocer la personalidad de los empresarios más
representativos de cada rama” [87]. En ese mismo texto se avisaba de que la
primera entrevista aparecería en el primer ejemplar del semanario, para dar a
conocer “la personalidad y opiniones de un brillante personaje de la economía
teórica y práctica española” [88].
Aun con todo, la entrevista, que giraba en
torno a los desafíos de la economía de aquel momento, funcionaba muy bien como
antesala de la siguiente sección, Coyuntura nacional: un índice de actividad
económica realizada por encargo del semanario a un equipo de economistas y
estadísticos. Ocupaba este índice o análisis cuatro páginas confeccionadas
sobre un fondo que emulaba los papeles empleados, por aquel entonces, para
dibujar curvas y líneas estadísticas. Sin llegar a cumplirse aquel deseo de
Salas de “leer un informe sobre la industria del calzado y morirse de risa”
[89], este informe tenía el mérito de evitar los términos farragosos y de
tratar de explicar de modo sencillo los fenómenos económicos con un lenguaje asequible
para el lector no especializado [90].
Antonio Torrero Mañas ofrecía, a renglón
seguido, su análisis personal del mercado de renta fija, dentro de la Columna
económica, reservada a expertos en materia económica y financiera,
colaboradores del semanario [91]. En este primer número, Torrero acompañaba a
Luis González Seara y su columna “La vida cotidiana” que, durante muchas
semanas, expondría la particular visión y análisis del autor acerca de la
sociedad española. Su primer artículo publicado, “Cambio y desarrollo”, volvía
a recordar a grandes rasgos el último editorial publicado por España Económica
(“Distinta apariencia, iguales problemas”) ya comentado.
A estos dos artículos seguía un Informe especial que analizaba la mala realización, por parte de los órganos
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gubernamentales, del índice de inversión en España; y después, Internacional,
con ocho informaciones de actualidad económica y social, como el próximo
ingreso de Gran Bretaña al Mercado Común Europeo, o un análisis sobre los
problemas sociales de los países del Tercer Mundo. Por su parte, Eduardo García
Rico reseñaba en Libros dos ensayos que abordaban el desarrollo agrícola en
España y que precedían a una interesante sección, novedosa en la prensa
económica del momento. Era Defensa del consumidor, que nacía con el objetivo de
“informar a sus lectores sobre ciertos usos y abusos mercantiles, a servir de
vínculo entre las asociaciones de consumidores y los consumidores individuales,
y a crear la necesidad de preparar a nuestros conciudadanos para las
complejidades de la abundancia” y estaba elaborada por el propio equipo de
redactores [92]. Aquí el lector se convertía en el protagonista y, para ello,
se pedía su ayuda: “Escríbannos ustedes contando los detalles de su caso, lo
que le pasó en aquella cafetería, o el proceder intolerable de aquel vendedor
de libros que se coló de rondón en su casa, o las abusivas facturas de las
reparaciones de su automóvil, etc.” [93].
La sección estaba coordinada por Ramón Zabalza
y, en el primer número, se insertaba ya una carta de un entusiasta lector, que
había quedado prendado de la revista tras leer el número cero [94]. Por su
parte, Manuel Saco firmaba un reportaje en el que se denunciaban los malos
olores que emanaba la localidad de Rivas de Vaciamadrid, municipio al que iban
a desembocar las aguas fecales de la capital española [95].
Este reportaje era un buen ejemplo, una vez
más, del nuevo estilo que Cambio16 deseaba imprimir a sus textos. Desde el
título, que juega con el nombre de la localidad (“Donde ‘Vacía Madrid’”) hasta
el uso de la ironía: “El pueblo no tiene ningún zoológico. Pero allí huele
francamente mal”; y el humor: “Y mientras, como primera medida, nos
atreveríamos a pedir a sus autoridades municipales que instalasen en la
carretera, kilómetros antes de llegar al pueblo, un cartel bien visible con
esta leyenda: ‘Atención, automovilistas: cierren sus ventanillas’” [96].
Completaba Defensa del consumidor una columna titulada “Sobrevivir es difícil”,
en la que se denunciaban productos en mal estado y se ofrecían las oportunas
recomendaciones [97].
La sección Laboral cerraba la revista y, en
concreto, con un informe sobre la conflictividad laboral registrada durante
1970; una noticia que daba cuenta del choque de opiniones entre los
trabajadores del sector bancario nacional, ante las negociaciones de un nuevo
convenio laboral; y una crónica que resumía las principales noticias laborales
de la primera quincena de noviembre, todas ellas firmadas por Ignacio Romero.
Arrancaba, por tanto, con este primer número
una aventura periodística que, si bien aún tardaría un tiempo en alcanzar el
éxito arrollador que tuvo a mediados de los setenta, ya presentaba maneras de
revista moderna –con una portada innovadora gracias a la fuerza de su
fotografía metafórica, con un diseño claro y ordenado, con un lenguaje
innovador– y comprometida con el progreso democrático de España y su
modernización.
Los avatares de una revista comprometida
Durante los tres años en los que Cambio16 fue
una revista de información económica y social sucedieron pocos acontecimientos
relevantes para la vida del semanario. Fue este un tiempo tranquilo en el que
el equipo de redactores adquiría experiencia para dar el salto a la política y
que, según Alférez, resultó providencial para la publicación: “Los tres años
como ‘semanario de Economía y Sociedad’ habían servido para asentar la
estructura editorial y crear un estilo propio de transmitir el mensaje
informativo; una especie de precalentamiento de cara a una carrera de fondo que
habría que correr con ritmo de velocista” [98].
Fueron años de tanteo en los cuales la revista
no habría sobrevivido si hubiera intentado salir del estrecho margen
informativo que se le había impuesto [99]. No podía reclamar desde sus páginas
el cambio político de manera explícita, pero sí fomentarlo creando un clima de
cambio en la sociedad española, que era de hecho lo que más interesaba a los
fundadores del semanario [100]. Por otra parte, al no informar, ni opinar,
sobre acontecimientos políticos tampoco sufrió la revista encontronazos con la
Administración en forma de secuestros o suspensiones, aunque sí la censura y,
en algún momento, a punto estuvo de ser secuestrada [101].
De todas maneras, José Antonio Martínez Soler
asegura que el régimen no veía a la revista como una amenaza seria sino, más
bien, como una muestra de cara al exterior de que en España existía libertad de
prensa [102]. Por su parte, Federico Ysart dice que el Gobierno era más
condescendiente con Cambio16 que con otras revistas como Triunfo, muy comprometida
con el Partido Comunista y mucho más vociferante. Según Ysart,
Cambio16 era evolucionista. Era un semanario
reformista hecho por liberales y socialdemócratas en su gran mayoría, y con
algún militante concreto del Partido Comunista. Los jerifaltes franquistas
distinguían entre una cosa y otra: el PC era el enemigo y, lo otro, lo
inevitable [103].
Alejandro Muñoz Alonso afirma, asimismo, que
en la redacción y en los cuadros directivos de la revista había un núcleo
amplio de gente de ideologías de izquierda y derecha moderada que se mantenían
unidos al compartir el objetivo común de lograr la democracia en España y
terminar con el franquismo. Ese era, de hecho, uno de los pilares más
característicos de Cambio16, junto con su apuesta por innovar y por romper con
el periodismo oficialista [104].
Al cumplirse un año de vida, se dedicó un
editorial a hacer balance de los cincuenta y dos números publicados. Se
felicitaban de haber procurado dar cuenta “con la mayor actualidad y reflexión
posible” [105] de los acontecimientos más importantes de la economía española,
al tiempo que pedían disculpas de posibles omisiones. Además, se mostraban
satisfechos por la buena acogida recibida por parte del público y de las
empresas, reafirmándose en el camino emprendido.
Como principales logros, el editorialista
señalaba el haber demostrado que la economía podía ser “apasionante y aun
divertida” y, por otro lado, el lograr perfeccionar los sistemas de
información, la cadena de fuentes informativas, los servicios de documentación,
y la calidad, en fin, de la revista. A su vez, no obstante, advertían que aún
quedaba mucho camino por recorrer y muchas ideas por desarrollar y mejorar,
así, la calidad de la revista.
Dedicaba un párrafo muy especial a hablar de
una de las grandes apuestas informativas del semanario durante aquel primer
año: el ingreso de España en el, entonces, Mercado Común Europeo. Una apuesta
que, “por tratarse de una alternativa global de modernización y cambio de esta
sociedad” [106], seguiría ocupando un amplio espacio en sus páginas. Terminaba
el editorial con una llamada a “sus enemigos, sus dificultades, sus peligros a
lo largo del año”.
Aseguraba que la ira provocada “a algunas
gentes, a algunas empresas, a algunos sectores” se debía a la honestidad informativa
que “con mayor o menor éxito” había tratado de aplicar sin concesiones: “Era
inevitable topar con los molinos, pero, eso sí, procurando siempre topar sin
saña y recordando a todas horas que son molinos y no gigantes” [107].
No sabía el editorialista que uno de “esos
molinos y no gigantes” iba a atacar a la revista esa misma semana, por una
supuesta falta de rigor en sus noticias y su tono irresponsable.
Se trataba del vespertino Pueblo, dirigido
entonces por Emilio Romero, que marcaba el inicio de una larga historia de
desencuentros con Cambio16 y que la revista mantendría años después con el
propio Emilio Romero y con otros medios afines a la Prensa del Movimiento.
Este primer encontronazo estuvo motivado por
sacar a la luz las respuestas –al parecer manipuladas– que Dionisio Martín Sanz
había dado a un cuestionario sobre el Mercado Común Europeo remitido por
Cambio16. El entrevistado se había sentido molesto por la edición de sus
respuestas y había decidido reenviarlas a Pueblo para que las publicaran
íntegras, y dar así a conocer su opinión “exacta” sobre esas cuestiones. La
réplica ocupaba una página completa del diario, encabezada por un gran titular
–de gran cuerpo y en mayúsculas– muy provocativo: “Piense como nosotros o el
‘rigor’ informativo de ‘Cambio16’”. El subtítulo, “Lo que no se publicó de las
declaraciones de Dionisio Martín Sanz a esa revista”, presentaba el motivo de
aquella información, prologada con un incendiario texto, moralizante y
acusador, que arremetía tanto contra el semanario como contra su presidente,
Luis González Seara:
La información, que es un derecho, implica
también un compromiso por parte del que la recaba: respetar la contestación a
la cuestión presentada. Pues bien, esta elemental e insoslayable norma
periodística, de la que se siente, aunque no lo ejerza, paladín el ‘semanario
de economía y sociedad’ ‘Cambio16’, ha vuelto a ser vulnerada por dicha
revista. Es curioso cómo una publicación, […] de la que es presidente –y
redactor o colaborador– don Luis González Seara, puede caer en tan lamentable
práctica. ¿Cómo el decano de una Facultad de Políticas, ex director del
Instituto de la Opinión Pública, profesor de sociología, puede saltarse a la
torera, en el periódico del cual es rector máximo, una de las bases fundamentales
del compromiso informativo? [108].
Arremetía Pueblo contra la “aparente
objetividad” de Cambio16 que, “con un talante nada acorde con los principios
que informan las relaciones entre los ‘seis’ o los ‘nueve’ –en referencia a los
miembros actuales y futuros del Mercado Común–, se carga aquellos párrafos que
no rubrican su liberalísima trayectoria editorial” [109]. Terminaba el texto
con un nuevo ataque contra el presidente de Inpulsa y poniendo en duda la
objetividad de las respuestas dadas por los otros entrevistados.
La réplica del semanario no se hizo esperar.
El editorial del número 53, que llevaba por título “El rigor informativo de
Cambio16”, salía al paso de las críticas del vespertino para defender y
elogiar, en primer lugar, el trabajo de sus redactores “que andan por ahí con
su linterna mágica tratando de arrojar luz y descebar la bomba de los infinitos
secretos y tabúes que todo el mundo [en España] quiere guardar bajo la manta a
toda costa”; y para denunciar, acto seguido, a “quienes encuentran acomodo en
lanzar las primeras piedras contra sus colegas […] recurriendo a deliciosos
trucos, más propios de la prestidigitación que del serio trabajo de la prensa”
[110].
De los ataques contra González Seara, el
semanario replicaba que ya contaba con un director y unos redactores eficaces
que conocían bien su oficio, siendo el jefe de redacción el único responsable
de tales recortes. Este, declaraba el editorialista, respetó en todo momento el
sentido de las respuestas, que dejaban claro que Martín Sanz se oponía al
ingreso de España en el Mercado Común. Recordaba que otras declaraciones
fueron, asimismo, recortadas por razones de espacio y que tal decisión fue
anunciada a los afectados. Achacaba Cambio16 el enfado de Martín Sanz a un
malentendido con la secretaria de este y dejaba claro que en la revista no se
manipulaban las opiniones, ni los hechos. Y terminaba:
“Sólo una prensa abierta, una prensa que
respete a rajatabla los hechos, las noticias y las opiniones, puede cumplir su
papel de hacer a esta sociedad cada vez más moderna y habitable. Es cierto que
la objetividad es imposible, pero ello no impide dedicar todos los esfuerzos
para conseguirla. A Cambio16 jamás se le ha ocurrido manipular al mundo para
hacerlo a su imagen y semejanza; se limita a presentarlo a sus lectores como le
parece que es, según indican las informaciones, todas las informaciones,
disponibles” [111].
Cambio16 comenzaba a salir del anonimato y a
provocar las primeras reacciones adversas entre el público afín al régimen. Y
esto, lejos de amedrentar a quienes hacían la revista, les reafirmaba en su
propósito. Los rumores, no obstante, siguieron creciendo. Algunos acusaban al
semanario de ser comunista, otros decían que estaba financiado por la CIA o por
las multinacionales. Incluso se llegó a rumorear que era el órgano informativo
de ETA [112]. La revista salió una vez más al paso de todas las críticas en un
extenso editorial conmemorativo de su número 100 y, al mismo tiempo,
aprovechaba para explicar los objetivos reales que se proponía:
“Cien números de Cambio16 son casi dos años de
una experiencia periodística apasionante, que nos ha costado sudor y lágrimas
–a nosotros y a nuestros lectores–, pero que esperamos haya contribuido de
algún modo a lograr nuestro objetivo de aumentar la racionalidad económica y
social de este país. Dotados de una fe de carbonero sobre las posibilidades de
hacer a esta península más racional, más eficaz y más habitable, nos lanzamos a
una guerra, que ojalá alcance mil números, contra el hermetismo de una economía
y una sociedad como la española, que ha hecho en general de las tinieblas
virtud y del secreto Premio Nobel. Por ahí anduvimos con nuestra linterna
alumbrando algunas caras en la noche, descubriendo algunos recovecos, reparando
algunos entuertos, cometiendo varios errores, y aun logrando algunos éxitos.
Uncidos al mismo carro de los muchos colegas que desde los distintos órganos de
prensa pugnan por hacer de este difícil país una sociedad habitable, mucho
confiamos en que algún granito de razón haya sido nuestro” [113].
Cuando salió publicada esta edición, la
revista llevaba ya unas semanas en su nueva sede, en la calle López de Hoyos.
En este piso, cercano a la iglesia de los Jesuitas de Serrano, viviría el
semanario sucesos tan relevantes como el golpe de Estado de Pinochet en Chile
(septiembre de 1973) o el asesinato de Carrero Blanco (diciembre de 1973). Este
último acontecimiento fue fundamental para la trayectoria del semanario, pues
supuso la llegada de un nuevo Gobierno que, con intenciones aperturistas al
principio, permitió a Cambio16 transformarse en semanario político y, con ello,
el inicio de la etapa dorada de la revista hasta finales de los años setenta,
cuando comenzó el declive de los semanarios de información general en España.